Del Biombo a la Cátedra.
Igualdad de Oportunidades de Género en la Universidad de Chile
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abordan el total del personal y el que se desempeña en jornadas completas. Cabe
hacer presente que también se recopiló la información correspondiente al personal
que trabaja a media jornada, asunto que no se expone en este informe para evitar una
mayor extensión. Sin embargo, cabe mencionar que los resultados respecto a brechas
salariales de género son similares a los resultados del personal a jornada completa.
El tercer capítulo se refiere a las percepciones de los distintos integrantes de la comu-
nidad universitaria respecto a las inequidades de género, especialmente en los temas
de desarrollo de carrera, remuneraciones y conciliación trabajo/familia. Un apartado
se destina al tema de acoso sexual, entregando algunas definiciones y analizando
su ocurrencia y tratamiento en la Universidad de Chile. Finalmente, a partir de las
conclusiones derivadas de los datos se formulan recomendaciones de medidas y po-
líticas pro equidad de género.
Al respecto, resulta de suma importancia reconocer que la presencia y las condicio-
nes que actualmente tienen las mujeres como académicas, estudiantes y funciona-
rias, han ido cambiando a lo largo de los 170 años de existencia de la Universidad
de Chile. Cuando la Universidad de Chile fue fundada en 1842, no existía en ningún
nivel educacional del país, un marco legal ni tampoco una cultura que posibilitara la
igualdad de oportunidades en educación para hombres y mujeres. Con el paso del
tiempo se han logrado superar muchos desafíos nacionales e internacionales gracias
a la permanente expansión del campo de los derechos de la mujer.
Sin embargo, fue ya desde los inicios de la Universidad que esta situación fue cam-
biando. En sus primeros 50 años de existencia, la Educación Superior se consolidó
como un espacio de formación de los cuadros dirigentes del país y también como
una herramienta útil e importante en el mejoramiento de la calidad de vida.
El marco legal chileno de la época, inspirado en la Revolución Francesa, no reconocía
los derechos civiles, políticos y económicos que les correspondían a las mujeres: no
solo no gozaban de estos derechos tan significativos, sino que ni siquiera tenían algu-
nos otros tan fundamentales como el derecho a la educación. En este escenario, emer-
gen hacia la segunda mitad del siglo XIX, diversos colectivos de mujeres conscientes
del valor e importancia de la educación, los que trabajaron expresando su disconformi-
dad con estas normativas y proponiendo medidas para subsanar estas desigualdades.
Uno de los personajes más destacados en esta época es la figura de Antonia Tarragó,
educadora que en el año 1872 realizó una presentación ante el Consejo Universitario
para que los exámenes de las alumnas del colegio “Santa Teresa”, del que era direc-
tora, fuesen válidos para optar a grados universitarios. La solicitud de Tarragó fue
debatida por el Consejo durante meses y enviada, por fin, al Ministerio de Justicia,