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UNIVERSIDAD DE CHILE

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Penalizados, los abortos se hacen igual: clandestinos, insegu-

ros, violentos, sobre todo para las mujeres más pobres. Joa-

quín Lavín fue tajante: abortar es asesinato. Las mujeres violadas

deberían acatar lo que Dios les imponía. No hace mucho, murió el

bebé que dio a luz una niña de 13 años, violada y embarazada en

la “madriguera” de su hogar. El caso se incluye dentro de las tres

causales propuestas por Michelle Bachelet para la despenaliza-

ción: riesgo de vida de la madre, violación e inviabilidad del feto.

CUERPOS PROPIOS: PAISAJE MOVILIZADOR

Estamos ante una coyuntura histórica. Los debates actua-

les sobre interrupción del embarazo nos instan a reflexionar

críticamente sobre los pasos coyunturales y estratégicos en

torno a la actual propuesta legislativa.

Coyunturalmente, considero indispensable apoyar las tres

causales presentadas por la Presidenta Michelle Bachelet. Es-

toy al mismo tiempo embarcada en una conquista estratégica

de nuestro derecho a decidir sin adjetivos. El derecho a deci-

dir nos pertenece. Pero creo que nos estamos entrampando si

planteamos las propuestas de la Presidenta Bachelet en opo-

sición a las legítimas aspiraciones soberanas sobre nuestros

cuerpos. La lógica es articuladora: no es esto “o” aquello. Es

esto “y” aquello: despenalización ya y ahora en las tres causa-

les, en el horizonte de un paisaje ilimitado de derechos.

No sólo las feministas, sino las mujeres en general, estamos

situadas ante una coyuntura que nos permite barajar el país

como conjunto, fortaleciendo el desarrollo de políticas de

alianzas, abiertas a la diversidad de opiniones, instalando

nuestras demandas en el parlamento y en la calle. La de-

mocracia chilena está en deuda con las feministas y con las

mujeres. Y esas deudas nos afectan como sociedad, no sólo

como mujeres.

¿Por qué nos pido a las mujeres sumarnos a un amplio hori-

zonte de democracias radicales?

Desde 2006, un movimiento amplio, heterogéneo y ciudada-

no interrumpe los flujos del Estado subsidiario. Repliegue

colectivo que se vuelca, memorioso de un cuerpo (lengua-

do) cuyas resonancias culturales y políticas han quedado

acumuladas en las calles de la ciudad. Con la validación de

los proyectos identitarios múltiples, posicionales y situa-

cionales, los movimientos alternativos por los que se jugó

Julieta Kirkwood ponen en el tapete no meramente una

resignificación de la Nación-Estado, sino el rol protagónico

que debemos y podemos jugar en el paisaje movilizador

y transformador que nos merecemos: un Estado Garante

de Derechos. Es un tiempo nuestro, no sólo de yo. Pode-

mos habitar nuestras tribus, nuestros cuartos propios y al

mismo tiempo tejer con otras y otros, constituyéndonos en

amplias mayorías ciudadanas encarnadas en cuerpos, tam-

bién heterogéneos y polifónicos. Lo digo desde aquí. Desde

esta Universidad laica, estatal y pluralista, rompiendo las

fronteras de ese cuerpo ideológicamente falso que históri-

camente nos ha entrampado.

No sólo las feministas, sino las mujeres en general, estamos situadas ante

una coyuntura que nos permite barajar el país como conjunto, fortaleciendo

el desarrollo de políticas de alianzas, abiertas a la diversidad de opiniones,

instalando nuestras demandas en el parlamento y en la calle.